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Carisma

Nuestro carisma

De sus antecedentes históricos como descendientes de la tradición religiosa monástica de San Agustín y del auge de las Órdenes Mendicantes en el siglo XIII, la Orden recibe elementos esenciales que constituyen su carisma: sus principios fundamentales, que emanan de los ideales monásticos del Obispo de Hipona, sus raíces eremíticas, sus vínculos especiales derivados de la intervención de la Santa Sede y su condición de Orden Mendicante. Todos estos elementos se fusionan para dar origen a la esencia misma de nuestra fraternidad apostólica.

 

A lo largo de nuestra historia, con la enseñanza de San Agustín como base y en plena consonancia con nuestras raíces eremíticas, podemos afirmar una dimensión contemplativa que debe ser comprendida, respetada y aceptada como parte de la tradición agustiniana. El fundamento de la vida agustiniana es la vida en común, en la que todos los hermanos, al compartir su ser, construyen un camino hacia Dios en el servicio a los demás y en la comunión de todos sus bienes, perfeccionándose mediante el don de la gracia divina. Así, en su vida, reflejan el misterio de la Trinidad y de la Iglesia, anticipando ahora en la tierra la realidad que esperan para el futuro en la casa del Padre.

 

La fraternidad en la Orden debe manifestarse de manera especial en la igualdad de todos los frailes, superando las distinciones derivadas de privilegios, así como de situaciones sociales y económicas.

 

Para un agustino, la comunidad no se limita a la casa en la que vive ni a la circunscripción a la que pertenece, porque nuestra familia es la Orden; como tal, la comunidad y los frailes estarán al servicio de la Iglesia universal.

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