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Mi experiencia con el Papa León XIV en la comunidad de Annaba

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-- Reflexión del P. Fred Wekesa, OSA



Era el 8 de mayo de 2025 —poco después de la elección del Papa León XIV— cuando los visitantes que suelen acudir a nuestra Basílica de San Agustín, en Annaba (Argelia), comenzaron a preguntar por primera vez: «Dado que el Santo Padre es agustino, ¿cuándo nos visitará en Annaba?». Sin reflexionar demasiado sobre el asunto, respondí con naturalidad, incierto de lo que depararía el futuro. Sin embargo, en mis momentos de quietud, me preguntaba en silencio: ¿por qué, cómo y cuándo podría un Papa decidir visitar a tres frailes agustinos y a un puñado de cristianos aquí, en este lugar, en lugar de elegir otras naciones con millones de fieles católicos?


Personalmente, tuve la oportunidad de saludar a papas en el Vaticano —incluido el difunto papa Francisco en 2019, durante el Capítulo General Ordinario de la OSA—; sin embargo, dar la bienvenida a un papa, tal como hicimos el 14 de abril de 2026, fue una experiencia profunda, conmovedora y excepcional en mi vida como religioso de la Orden de San Agustín.


Para comprender algunos de los factores preliminares que condujeron a la visita apostólica a Argelia, es necesario recordar el 8 de mayo de 2025, fecha en la que el cónclave dio lugar a la elección del Papa León XIV y a su presentación como «hijo de San Agustín». En Argelia, se alzó un clamor público a través de las redes sociales y de los medios de comunicación para invitar al nuevo Papa a visitar la tierra natal de Agustín. El número de mensajes que recibí de amigos locales en Argelia, así como la cantidad de invitaciones dirigidas al Papa para que visitara la tierra de Agustín, resultaron abrumadores. Esto se debe a que el amor por San Agustín es un sentimiento que el pueblo argelino comparte con el Sumo Pontífice. Se cursaron dos invitaciones oficiales a la Santa Sede: una por parte de la Iglesia en Argelia y la segunda por parte del Jefe de Estado, el Presidente de Argelia.


El Papa León con el P. Joseph Farrell, OSA, y el P. Martin Davakan, OSA, en ruta de Roma a Argelia.
El Papa León con el P. Joseph Farrell, OSA, y el P. Martin Davakan, OSA, en ruta de Roma a Argelia.

La preparación previa a la visita apostólica fue, sencillamente, extraordinaria. La atención mediática fue intensa, con más de diez medios de comunicación —que abarcaban la radio, la televisión, la prensa escrita y los medios digitales— solicitando entrevistas. Los periodistas llamaban a todas horas en busca de una primicia. Este frenesí de actividad me impulsó a revisar, investigar e interpretar en profundidad la filosofía, la espiritualidad y la teología agustinianas, a fin de poder explicar con precisión al público la trascendencia de la visita apostólica.


El privilegio más conmovedor de este vertiginoso periodo fue una intervención en directo, de una hora y media de duración, en AL24News. Tener la oportunidad de analizar, desmenuzar y compartir el significado de la visita del Papa a Argelia en la televisión nacional constituyó un gran honor.


Más allá del frenesí mediático y del carácter histórico de la jornada, la visita del 14 de abril dejó varias lecciones profundas que permanecerán conmigo.


Enriquecimiento espiritual y litúrgico


Prepararse para la visita del Santo Padre exigió una inmersión más profunda en mis prácticas espirituales y litúrgicas. La expectativa ante la visita elevó mis celebraciones litúrgicas, recordándome la profunda reverencia y la belleza inherentes a nuestras tradiciones litúrgicas católicas. Tras la visita del Santo Padre y su mensaje de paz, he experimentado una renovación espiritual y me siento más entregado al servicio del pueblo de Dios. Lo que más me conmovió fueron sus conversaciones atentas y humildes en el seno de nuestra comunidad aquí —y, por supuesto, sus palabras de aliento.


Mejora de las habilidades organizativas


Los acontecimientos monumentales se erigen sobre las acciones cotidianas y silenciosas que los preceden. Esta experiencia reforzó una verdad fundamental acerca de la vida cristiana y del potencial humano: cada pequeño paso, cada preparación menor y cada momento de fe silenciosa contribuye a una historia mucho más grande y hermosa. La grandiosa llegada del Papa fue, en última instancia, la culminación de innumerables pequeños actos de entrega.


Un sinfín de reuniones, numerosos mensajes y muchas llamadas telefónicas caracterizaron mis días previos a la visita apostólica. Formar parte de la Comisión de Liturgia exigía que estuviera constantemente preparado, dispuesto a sacrificar mi propia agenda e incluso unas vacaciones planificadas.


El primer paso consistió en asistir a las sesiones de planificación litúrgica con el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias en el Vaticano, el 20 de febrero de 2026. Tras la reunión, tuve la oportunidad de saludar a Su Santidad el Papa León XIV antes de su visita a Argelia: ¡qué bendición y gracia de Dios!


Recibir a un Sumo Pontífice exige una planificación previa meticulosa. Por ejemplo, coordinar la logística —que abarcaba desde la gestión de las instalaciones técnicas y los sistemas de sonido hasta asegurar el desarrollo fluido de los eventos— requirió un nivel de precisión sin precedentes. La presión del momento agudizó mi capacidad para gestionar preparativos complejos y exigentes.


Colaboración con las autoridades locales y nacionales


El éxito de la visita apostólica dependió en gran medida de la confianza mutua y la cooperación. El estrecho trabajo con los líderes cívicos, las fuerzas de seguridad y las autoridades nacionales de Argelia puso de relieve la solidez de nuestras alianzas locales, lo cual, en última instancia, allanó el camino para una visita exitosa. Sus innumerables reuniones —celebradas tanto de forma presencial como virtual—, así como su dedicación y apoyo, resultaron fundamentales para garantizar la seguridad y la dignidad del evento. Estoy verdaderamente agradecido a las autoridades argelinas por sus esfuerzos de colaboración.


Fomentando el diálogo interreligioso


La mayoría de los periodistas me preguntaron por qué Su Santidad el Papa León XIV consideraría visitar un país predominantemente musulmán. En mi respuesta, hice referencia a los comentarios que el Papa León XIV realizó durante su viaje de regreso desde el Líbano: que deseaba promover un mensaje de paz y diálogo interreligioso. Esto implica que recibir al Papa en una nación predominantemente musulmana sirvió para tender un poderoso puente entre el cristianismo y el islam. La visita no fue meramente un acontecimiento para los cristianos; se transformó en un momento compartido de respeto mutuo, amistad y coexistencia pacífica. Subrayó la absoluta necesidad de un diálogo abierto entre las religiones, de un diálogo en el seno de las familias y de una comunicación empática en toda la sociedad. La paz no es simplemente la ausencia de guerra; más bien, la construcción de una sociedad pacífica conlleva el logro de la justicia social y la equidad dentro de dicha sociedad.


La perdurable relevancia de San Agustín


El Papa León en la Basílica de San Agustín, Annaba
El Papa León en la Basílica de San Agustín, Annaba

Por encima de todo —como Papa agustiniano—, su visita puso de relieve el legado de San Agustín: cómo la concepción agustiniana de la paz sigue siendo relevante en nuestra era moderna, y cómo fomentar la reconciliación y el perdón como componentes integrales de una coexistencia pacífica. Quedó claro que sus enseñanzas sobre la paz, la vida comunitaria y la búsqueda de la verdad son hoy —mientras navegamos por nuestro complejo mundo— tan vitales como lo fueron hace siglos.


REFLEXIÓN FINAL


Dar la bienvenida al Papa León XIV en Annaba para celebrar la Santa Eucaristía fue, para nosotros, mucho más que un mero deber ceremonial; constituyó un hito transformador y una renovación espiritual para mí. Me desafió en el plano intelectual, puso a prueba mis límites organizativos y profundizó mi fe de manera inmensa. Esta visita situó a nuestra comunidad agustina en Annaba bajo los focos de la atención mundial, demostrando que incluso los rincones más apacibles del planeta pueden albergar momentos de inmenso significado histórico y espiritual. Ser una minoría no equivale a ser «insignificante», sino que representa, más bien, una fortaleza sustentada en la gracia de Dios: una gracia que nos ayuda a reflexionar y a depositar nuestra confianza en Su auxilio.


Por el P. Fred Wekesa, OSA

Rector, Basílica de San Agustín, Annaba, Argelia



 
 
 
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