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La rica y profunda historia de la Provincia de Bélgica: 700 años de presencia agustina

  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

El Prior General Emérito de la Orden de San Agustín, el padre Miguel Ángel Orcasitas, escribió las siguientes líneas en 1996 en una edición especial publicada en Bélgica cuando estaba al frente de la Orden. La cuestión versa sobre el que fuera entonces, hace más de 700 años, el enclave agustiniano más septentrional que la Orden tenía en la que hoy conocemos como Europa. Nos adentramos en la impronta histórica y evangélica que los agustinos han llevado a cabo en su peregrinar



La historia del Convento de San Stefano de Gante es el fiel reflejo de las vicisitudes de la historia de Bélgica y de los Países Bajos, así como de la Iglesia y de la Orden, a la que este convento pertenece. 


La Iglesia en la Europa del s. XIII conoce el fenómeno de las llamadas “órdenes mendicantes”, institutos religiosos que quieren vivir según el compromiso evangélico, pero ya no en grandes abadías rurales, como era el caso de la tradición benedictina de la Alta Edad Media, sino en el corazón de las ciudades, de los “burgos” surgidos como nuevo fenómeno social. Allí, en medio del pueblo, los nuevos religiosos, los frailes, se dedicarán al ministerio apostólico, enseñarán en las nuevas universidades que surgen en este tiempo por doquier, atenderán las necesidades de los más desprotegidos con obras de caridad. 


El convento de Gante es el más representativo de la Orden de San Agustín en Bélgica, y de algún modo, su núcleo central a lo largo de toda la historia. Fue fundado en 1296, apenas medio siglo después de la fundación de la Orden. 


En su haber cuenta con una copia de las constituciones de la Orden redactadas en el Capítulo General de Regensburg de 1290. 



San Stefano conoció sus inicios y una gran expansión en la Edad Media, sufrió los avatares durante la reforma del s. XVI, en la que resultó incendiado y algunos de sus religiosos asesinados. Reconstruido con ayuda de la familia Borluut, pasó por una edad de oro durante los s.XVII y XVIII, señalándose como centro de la educación de la juventud. 


Los sucesos relacionados con la Revolución Francesa y las guerra napoleónicas supusieron la casi desaparición de la vida religiosa de toda Europa. En Bélgica todos los conventos agustinos dejaron de existir, excepto este. Gracias a la audaz decisión de siete religiosos supervivientes se volvió a reconstruir la vida agustiniana en Bélgica y Holanda, restableciéndose plenamente a finales del s. XIX y comienzo del XX. 


El convento de Gante fue nuevamente la cuna de los agustinos de estas naciones, como lo había sido en el s. XIII. No podemos olvidar que este es el único convento que desde hace siete siglos sigue existiendo en el mismo lugar de la ciudad. 


La importancia religiosa, cultural, social e histórica de esta presencia agustiniana señala cómo el proceso de evangelización compromete todas las dimensiones humanas y sociales. El camino del Evangelio es el camino de los hombres, una historia de luces y sombras, pero dominada siempre por el anuncio de una esperanza. Y de una llamada a la vida que la Iglesia continúa haciendo en el nombre de Jesús. Siete siglos de historia que son un perfecto testimonio de ello. 



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